La arquitectura web es cómo se reparte el contenido entre páginas y cómo esas páginas se conectan entre sí. Es la decisión más barata de tomar y la más cara de corregir: cambiar colores es una tarde; cambiar la estructura de un sitio web ya indexado significa redirecciones, posiciones perdidas y meses de espera.
La regla que ordena todo: una intención, una página
Cada página debe responder a una cosa que alguien busca. Si una página intenta responder a tres, no gana por ninguna: ni en Google, que no sabe cuál es su tema, ni con el visitante, que tiene que filtrar lo que no le sirve.
En la práctica, para un negocio de servicios:
Inicio → quién eres y qué haces
├── Servicios → el mapa de lo que vendes
│ ├── Servicio A → una página completa
│ ├── Servicio B
│ └── Servicio C
├── Sectores / Giros → si atiendes industrias distintas
│ └── Una página por giro
├── Portafolio → la prueba
├── Precios → la respuesta que más se busca
├── Blog → lo que atrae a quien todavía no compra
└── Contacto
Tres niveles como máximo. Si para llegar a una página hay que hacer cuatro clics desde el inicio, para Google esa página vale poco y para el visitante no existe.
El menú no es un índice de todo lo que tienes
Un menú de once entradas obliga a decidir once veces. Cinco o seis, y lo demás en desplegables o en el pie.
Y el orden importa: lo primero y lo último se recuerdan más. «Contacto» al final a la derecha no es tradición, es que ahí es donde la mano lo busca.
Enlazado interno: la parte que casi nadie hace
Los enlaces del menú y del pie están en todas las páginas, así que Google los pondera poco. Los que pesan son los que van dentro del contenido, con texto de ancla que dice qué hay del otro lado.
Tres reglas que funcionan:
- La página de un servicio enlaza a precios y a un caso real de ese servicio.
- Cada artículo del blog enlaza a la página comercial que resuelve lo que el artículo explica.
- El hub enlaza a todas sus hijas, y cada hija enlaza de vuelta al hub.
Escribe «ver los precios de páginas web» y no «haz clic aquí»: el texto del enlace le dice a Google de qué va la página de destino.
UX: las cinco reglas que mueven la aguja
- Cinco segundos. Al entrar hay que entender qué haces, para quién y dónde, sin bajar la pantalla.
- Una acción principal por página, repetida tres veces: arriba, a la mitad y al final.
- El pulgar manda. Los botones importantes, en la mitad inferior de la pantalla del teléfono.
- Menos campos, más envíos. Tres campos convierten mucho mejor que siete. El resto se pregunta conversando.
- Cero callejones sin salida. Toda página termina ofreciendo el siguiente paso.
Lo que rompe la arquitectura sin que te des cuenta
- Canibalización: dos páginas peleando la misma búsqueda. Google elige una, y casi nunca la que tú querías. Se arregla decidiendo qué frase es de cada página y reescribiendo la otra.
- Páginas huérfanas: publicadas pero sin un solo enlace interno. Nadie llega y Google apenas las considera.
- Blog desconectado: artículos que reciben visitas y no llevan a ninguna página comercial. Tráfico que no sirve de nada.
Cómo revisarlo en veinte minutos
Dibuja tu sitio en una hoja: una caja por página, flechas por cada enlace interno dentro del contenido. Vas a ver tres cosas de inmediato: qué páginas no reciben ninguna flecha, qué páginas dicen lo mismo, y cuántos clics hay del inicio a la página que más vende.
Si quieres esa revisión hecha con tus datos —incluyendo qué páginas se están canibalizando entre sí—, la Auditoría Digital revisa nueve áreas y entrega el informe priorizado. Y así se construye un sitio con la arquitectura pensada desde el principio.